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Espiritual

Un tiempo con Jesús

¿Cómo se reconoce a dos enamorados?
Muy sencillo: no miran el reloj cuando están juntos. Disfrutan del tiempo compartido, se escuchan mutuamente, comparten pensamientos y corazones — a veces incluso sin palabras.

Algo parecido ocurre con la Adoración Eucarística. Nos invita simplemente a acercarnos a Jesús y estar con Él. No tenemos que lograr nada ni explicar nada. Podemos regalarle nuestro tiempo — y abrirle el corazón.

Muchas personas viven allí una experiencia sorprendente: en la adoración todo puede tener su lugar. La alegría y la gratitud, tanto como las preocupaciones, las preguntas y las peticiones. Todo lo que nos conmueve, podemos ponerlo ante Él.

Cuando nos hacemos silencio y permanecemos ante el Santísimo, sucede a menudo algo muy sencillo y a la vez muy profundo: un encuentro personal con Jesús.

El campesino Louis Chaffangeon, de Ars, describió una vez esta experiencia con pocas palabras:

«Yo le miro y Él me mira.»

En el pan eucarístico el Señor está verdaderamente presente. Permanecer ante Él, adorarlo, no significa otra cosa que dejarse mirar por su presencia, dejarse tocar por su amor y ver la propia vida de un modo nuevo a su luz.

En la Adoración Eucarística entramos en la mirada del amor de Dios. Podemos simplemente estar ahí — ante el Señor, que está presente y nos mira con su mirada amorosa.